Adaptarse al cambio
“NO HAY NADA PERMANENTE, EXCEPTO EL CAMBIO”… HERACLITO
Nuestra naturaleza es de cambio, de evolución constante. Saber adaptarse y tener herramientas para el cambio es fundamental, más en los tiempos que corren, en los que el mundo no para de avanzar. Pero tenemos que luchar contra el conformismo y la facilidad, para vivir en nuestra zona de confort. Estar allí da la sensación de tranquilidad, que se sustenta en creencias que hemos aprendido en las últimas generaciones. Sin embargo nos impide crecer y evolucionar. Y muchas veces nos aleja de nuestros propios sueños y deseos. Cuánto estamos dispuesto a postergar para evitar el cambio que todos anhelamos.
“Cuando el viento sopla, algunos construyen muros y otros construyen molinos.”
El cambio nos da miedo, nos aterra, porque salir de nuestra zona de confort es exponernos, confiar en nuestras habilidades, en nosotros mismos y a la vez un salto a lo desconocido. Y lo desconocido desde el origen de la humanidad nos da miedo y curiosidad.
¿Si nuestra naturaleza es de constante cambio y evolución, por qué le tememos? Somos seres de hábitos y tendemos a la estabilidad y permanencia. Nuestro cerebro en su evolución aprendió que la rutina y los hábitos le servían para ahorrar recursos, por si alguna amenaza se nos presentaba pero esto ya no aplica en nuestros tiempos, algo que el cerebro no puede reconocer, por eso su programación busca evitar los cambios y que nos expongamos a lo desconocido (peligro). A su vez, los cambios nos estimulan parece contradictorio pero no lo es. Y aunque no lo veamos, siempre estamos en proceso de cambios internos y externos, los cuales tenemos la opción de no adaptarnos o fortalecer nuestros conocimientos y herramientas para permitirnos evolucionar y crecer. Poder mirar el cambio como una nueva oportunidad, y esto se aplica en todos los aspectos de nuestra vida.
“Adaptarse al cambio no es una opción”
Ya hablamos sobre el miedo que nos generan los cambios en nuestra vida. Y ahora, que debemos hacer cuando algo nuevo nos sorprende? Lo primero que demos hacer es reconocer y aceptar el cambio para adaptarnos y ver cuáles son nuestros miedos. Una vez que hayamos detectado cuales son podremos saber cómo enfrentarlos. Al igual que un ave cambia de rumbo cuando se acerca una tormenta, nosotros debemos tener la flexibilidad suficiente para reprogramar nuestra vida para adaptarnos a las nuevas circunstancias. Saber cómo actuar frente a situaciones incómodas nos permitirá dejar de lado la angustia emocional. Si es necesario, busque ayuda, puede ser de un amigo, familiar o incluso un profesional. Esto nos permitirá hablar del proceso que estamos atravesando y sentirnos acompañados. Evitemos aislarnos ante el miedo, eso sólo conduce a la tristeza. Mantenga una actitud positiva. El miedo puede generar pensamientos negativos en cuanto a nuestro futuro. Debemos tener presente que sólo son pensamientos y no necesariamente es lo que puede suceder. La ansiedad y los temores son el resultado de como usted ve el cambio. Todos actuamos diferente ante una situación de cambio, de estrés o de peligro y depende de los puntos de vista de cada uno, que se basan en nuestras creencias, valores y experiencias. Todos, absolutamente todos tenemos la capacidad de adaptarnos y cambiar, cada uno lo lograra a su tiempo. Sea flexible, este abierto a probar nuevas cosas y hágase participe en el cambio. Si usted es participe activo en el cambio, el proceso será mucho más simple y rápido. Desarrollar habilidades de Inteligencia Emocional es necesario para saber reconocer nuestras emociones y regularlas correctamente sin dejar que nos dejen en una posición vulnerable. Exponerse a los cambios supone tener la capacidad de gestionar las emociones que algunas de ellas nos producen. Te recomendamos anotar las emociones que te genere cualquier cambio que suceda en tu vida, para que posteriormente puedas analizar los mismos, y como uno reacciona ante ellos.
Cada persona es única, todos tenemos tiempos y procesos diferentes frente a lo que nos sucede pero no por ello debemos dejar de intentarlo. No nos quedemos con el sabor amargo de “qué hubiese sido?”. Salgamos, proyectemos, innovemos, intentemos, VIVAMOS A PLENO…Ante la duda preguntémonos qué es lo peor que puede pasar? Y cuando el miedo nos paralice recordemos y hagámonos saber que “todo va a estar bien”. La vida es hermosa cuando la vivimos y para vivirla hay que transitarla, recorrer caminos, tropezar y seguir. Si algo no salió como lo planeamos, probemos de una manera diferente pero no dejemos de hacer.
