Puede parecer un título fuerte, pero es simplemente volver a recordar que para alcanzar la felicidad más allá de nuestra relación de pareja , en primer lugar, debemos estar en paz y a gusto con nosotros mismos. Si no estamos bien con nosotros mismos, nunca tendremos una felicidad completa. “la pareja te puede dar la felicidad, pero no tiene el poder de hacerte feliz” esta expresión deja muy en claro ese punto. La felicidad es un sendero interior un camino en el cual invertir en nuestro desarrollo personal es un punte a la felicidad y a mejorar nuestras relaciones personales, con el autor Daniel Goleman en los años 90 tomo relevancia el hacer una mirada interior. La felicidad es una carencia de miedo, debemos manejar las emociones negativas, el miedo tiene una función evolutiva pero muchas veces hacemos uso y abuso del mismo, lo cual nos produce daño, estrés y miedo, somos de tener muchos miedos, miedo a no ser amado, a no lograr nuestros objetivos, miedo al cambio, etc. Debemos aprender a dejar en el camino de la felicidad las cosas y personas que nos hacen mal, que no suman a nuestra felicidad, nuestra felicidad debe ser una prioridad en nuestra vida. Disfrutar de nuestra familia y nuestros amigos que son un tesoro para nosotros, pero siempre sabiendo que si te hace daño hay que dejarlo de lado. Y para lograr recorrer este camino es fundamental fortalecer nuestra autoestima, el amor propio es una relación que debe durar toda la vida. Encontrar el equilibrio interno donde los pensamientos armonicen con nuestras emociones y se reflejen en nuestro actos y acciones de cada día. Y ese amor propio nos une con nosotros mismos, con nuestros sentimientos y deseos, algo que muchas veces olvidamos y que no le damos la importancia que debe tener.

Somos nosotros los que debemos luchar cada día por nuestro bienestar y nuestra felicidad. Cuando estamos en una relación de pareja muchas veces depositamos el lograr nuestra felicidad en ella, nos encontramos viviendo una relación estéril, infelices y sin perspectiva. Perdiendo nuestra felicidad y siguiendo por costumbre con esa persona, nos cuesta tanto tomar el paso lógico de separarse, de salir de esa situación, lo cual seguramente genere dolor, pero es lo mejor para ambas partes. Cuantas veces nos hemos dicho podría haber terminado hace años esa relación, pero no lo hice, o aun peor resigne mi felicidad por miedo y costumbre, y sigo en una relación que no me hace feliz, que no me hace brillar y crecer. No hay recetas mágicas en las relaciones es un trabajo diario el mantener el fuego del amor, pero si hay indicadores de que nuestra relación no va por buen camino. Y eso implica analizar los mismos y empoderarse para tomar la decisión que debamos tomar. Podemos intentar reconstruir la relación o si la situación es insostenible y se ha perdido el fuego motor de la mismo dar el paso y separarse. Nuestra prioridad es la felicidad y el tiempo es algo que no vuelve, solo deja enseñanzas que debemos aprender y aprovechar. Hollywood con sus películas crea modelos sociales que casi nunca existen. Así sucede con el amor. Posiblemente la pareja sea el apartado de nuestra vida donde habiten más fantasías e ideas preconcebidas: soñamos con príncipes o princesas azules que salen en las películas con final feliz, nos peleamos con forzar la realidad a lo que tenemos en la cabeza y buscamos esa pareja como bote salvavidas a nuestros problemas. Sin embargo, nos equivocamos la pareja no es para salvar nuestros problemas. A través de la pareja podemos encontrar intimidad, sexualidad, ternura, sentido de pertenencia… pero no es el vehículo para rescatarnos de nuestras insatisfacciones vitales. La pareja tiene múltiples formas y expresiones. No hay un único modelo, sino anhelos o necesidades relacionadas con amar y ser amados, con compartir una intimidad profunda, una estabilidad afectiva, con sentirnos vinculados y con la posibilidad de dar vida, de servirla o de cuidarla de algún modo. Existen hábitos de los miembros de las parejas que ponen en peligro las relaciones y su felicidad conjunta que debemos evaluar para tomar las acciones que nos permitan lograr un cambio. Podemos mencionar: Falta de generosidad es la capacidad de dar de forma altruista, sin esperar nada a cambio intencionalmente. la confianza que se ha gestado entre ambos y a la reciprocidad y reconocimiento que se profesan en sus acciones individuales positivas, Las parejas infelices y egoístas dan para recibir algo a cambio de forma inmediata, no basado en una cuestión de demostración de amor hacia el otro. Querer cambiar al otro Las parejas no tienen por qué coincidir en todo. De hecho, lo normal es que no lo hagan. El éxito de una relación afectiva radica en la capacidad de los miembros de la misma de aprender a conocerse y respetar las diferencias entre ellos. Las parejas infelices se reconocen por la necesidad de sus miembros de hacer que el otro cambie y se amolde a las exigencias y formas de pensar de la otra parte. No dedicar tiempo a la pareja, amar a otra persona hace que uno quiera pasar el mayor tiempo posible a su lado. Las parejas felices protegen ese espacio común, gozando de esos momentos de intimidad. En cambio, aquellas que no apuestan por compartir y hacer sacrificios por estar a solas con el otro miembro, provocan que cada vez estar juntos se haga más complicado por la falta de sintonía. Cuando una relación cuesta, es difícil que nos enriquezca. Las cosas han de ser sencillas, que no significa simples. Cuando fluye una relación nos sentimos grandes y hacemos que la otra persona también lo sienta. Pero es curioso como hay parejas que tienen relaciones destructivas y son incapaces de separarse. Allí nuestros miedos son nuestros mayores enemigos. Que los miembros de la pareja sean verdaderos compañeros, que sean amigos. Lo que significa que hemos de sentir que el otro nos entiende y nosotros a él o a ella. Si esto no se da estaremos en un problema de comunicación que producirá el alejamiento del otro. Qué No exista plena confianza en el otro. Tampoco una confianza que exija garantías. Y Hacer sentir culpable al otro, esto es algo muy común pero que solo puede traer problemas. Las parejas infelices apuestan por fomentar su mundo independiente y personal por encima del común e intentan imponer sus sueños por los del otro. Que exista el deseo espontáneo de que el otro también esté bien por encima de nuestros miedos o carencias. Quizá sea lo más difícil de lograr. La experiencia del amor es posiblemente lo más grande que podemos vivir. Por eso, casi todo el mundo es capaz de recordar el primer beso o las primeras palabras susurrantes. Sin embargo, el problema radica cuando nuestro anhelo de pertenencia y de amor impide ver al otro en toda su dimensión y encapsulamos la relación en modelos de nuestra cabeza. La separación no es un proceso fácil para ninguna de las partes implicadas. Tomar esta decisión y dar el paso tiene, normalmente, como fin que todos estén mejor y lo más importante siempre debemos seguir el camino de nuestra felicidad el mismo se puede recorrer solo o acompañado de la persona correcta.
